Siendo un paño medio roto, a medio usar, desteñido y colorido en partes;
él lo recogió de todas formas... le gustaron los contrastes y decidió parchar esas partes roídas.
Por el tiempo por los cuerpos, por el viento.
No entiendo cómo, pero pudo ver que aún servía y en todo su desparpajo y
deshuso, encontró una extraña belleza.
Era desordenado, hecho a retazos, en algunas partes desangrado y en otras conservaba manchas de hilos correr.
Pero que bah... se amoldó a su mano, a su piel, entonces él, siendo un manto de seda ostentoso brillante y flameante decidió darle un nombre,
Pajarita.
Y hoy te digo gracias, porque sin nombre hubiese vagado entre desaparecidos olvidados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario